Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como desesperación

Tribulaciones de mis insomnios al amanecer

Sentí que había regresado a la vida a pesar que alrededor todo estaba oscuro, mis ojos y mis oídos estaban atentos a ese entorno parte de mi existencia pero cada novedoso; empezaron mis devaneos por el pasado y mis tribulaciones del insomnio. Esta vez y a diferencia de otras, el rugido del mar lo siento cerca, por el resto es silencio. Por mi memoria empiezan a desfilar las cientos, quizás miles, escenas de mi vidas pasadas, de aquellas en disfruté, me amargué, que pasaron inadvertidas hasta ese momento, de esas que no volverán, las que extraño. Intento dormir nuevamente, cada realidad mental es un golpe para los sentimientos, no puedo combatir contra ellas, no hay manera que mi racionalidad las controle… busco desesperadamente abandonar esa realidad. El aire salino que entra por la ventana se funde con el monótono ruido de las olas, pero se convierten también en escenario de vivencias, de esa playa que en las noches y en los atardeceres me acunaron en ilusiones hoy perd...

Crónica de las 1.825 cartas de amor

La rutina fue perfecta durante esos casi 5 años. Nunca varió ni en sábado ni en domingo. Despertarse a las 6 de la mañana, desayuno de 7 a 8, ejercicios de 9 a 12, descanso; almuerzo a las 13h00, y tarde para la lectura. En la noche a dormir a las 9, pero antes escribir aquella carta. Jornada tras jornada fue así durante 1.825 días. Sin familia, con un amor y con pocos amigos, cuando decidieron por él lo que sería su vida en esos cinco años, solo pidió que le hicieran llegar hojas de papel y algunos lápices, no esferográficos. También sobres de papel. Y así, al llegar la noche y antes que las luces se apagaran, con su lápiz escribía con su puño y letra una carta de amor; se recostaba de medio lado en su cama de media plaza y sobre una tabla del tamaño de las hojas colocaba una; así empezaba a poner cada oración que salía de su mente. Entre oración y oración, se recostaba sobre la almohada… soñaba con las palabras y las escribía. El tiempo para para plasmarlas también fue parte d...

El único sí fue el último

Al igual que todas mañanas, llegué hasta su casa y esta vez no encontré el aroma a café. El silencio inundaba aquella estancia decorada con esmero y de pulcritud inapelable, aun así entré sin usar la alfombra. Dije su nombre en voz alta… una y otra vez mientras avanzaba por la sala. Nada, ninguna respuesta. La sala, el comedor, la cocina, el baño, el patio y en ningún lugar estaba. En los cinco años que la conozco nunca salía de casa sin dejar un nota y el café preparado. Esta vez ninguno de los dos.  Un solo sitio faltaba revisar, al lugar de la casa al que nunca había sido invitado: su dormitorio.  Subí las escaleras y vi la única puerta, entreabierta, ausencia total de ruidos; la empujé y se abrió así mismo en silencio. Allí está ella, acostada sobre el piso, nada a su alrededor, con los brazos cruzados sobre el pecho. Tenía la pose que muestra las fotografías de las momias de Egipto.  Lo ojos cerrados y no se sentía su respiración. – ¿Estás bien? Pregunté ...