Buen billete

Si solo de pesar me causa risa. Esa noche por esas cosas del aburrimiento nocturno empecé a revisar mi billetera, bueno papelera porque no tenía ni un billete, para sacar algunos documentos sobrantes y algunas identificaciones caducadas.

Números de teléfonos sin nombre, direcciones electrónicas, algún apunte sobre los pendientes de la vida y otras basurillas, fueron quedando a un lado, mientras que ponía en orden la licencia, la cédula y dos identificaciones. Realmente mi ‘papelera’ esta más delgadita. Ahora si a botar lo sobrante. Papeles sin sentido y hasta un billete de la lotería.

Ahora recuerdo que ese billete le compré a un señor mientras me tomaba un café. No soy asiduo comprador de la lotería. Pero en aquella ocasión me tomó de sorpresa y pregunté cuanto valía, Me dio el precio, un dólar. Pague y guardé ese billete. Acabado el cuento hasta hoy que limpio mi billetera.

La raspadita estaba intacta. Antes de que vaya al tarro de basura cumplí el famoso ritual de tratar de atinar a algún premio con este juego. Como no puede ser de otra manera, nada de nada. Más basura.

Las dudas de la vida siempre están presentes. Revisé la fecha del billete y me dije: ¿y si le he atinado al “gordo”? podría ser, 50 – 50. De pronto si, de pronto no ¿qué es lo peor que puede pasar? Igual debía salir por unas gestiones y no pierdo nada en probar

Y así fue. Guardé el billete de la lotería, en la billetera por supuesto, los procedimientos del caso para salir de casa y a la calle a ver que ocurría en la vida de la ciudad. Una gestión por aquí y otra por allá. De verdad que el refrán: pueblo chico… gestión rápida funciona. Dos horas de ir por aquí y por allá, llegó la hora de tomar el cafecito y hacerle a un cigarrillo.

La cafetería de siempre y el lugar de siempre, los vendedores ambulantes de siempre. El café sobre la mesa al igual que el cenicero, el cigarrillo prendido. De pronto como siempre ocurre aparece una vendedora de lotería, se me acerca, me ofrece una gran gama de números y colores, oportunidades de juegos.

Recuerdo que tenía un boleto en mi billetera. Un pendiente no cumplido. Mano a la billetera y boleto a la vista. Le entrego a la vendedora sin decir nada.

Existe ya una práctica en este sentido. Casi sin hablar la vendedora revisa mi billete de lotería. Se asegura la fecha y busca entre sus papeles el boletín de la lotería de la fecha correspondiente. Con el boletín en mano y en la otra mi billete, lo pasa por encima del boletín como si lo estuviera escaneando y sus ojos se mueven al ritmo de sus manos. Se detiene. Fija la mirada. Se ríe. Y me mira.

Me dice con alguna emoción: mejor se va a una oficina de la lotería porque tiene que cobrar un buen premio. Son como 25 mil dólares que se ha ganado. Me entrega el billete, yo tomo primero mi cigarrillo, lo fumo y miles de ideas pasan por mi cabeza. No atino que decir.

Extiendo la mano, tomo el billete. Me levanto y me pongo junto a la vendedora. Le pido que me muestre. Lo verifico: fecha correcta, número correcto, sorteo correcto. Efectivamente, ese guachito es un ganador.

¿Qué se hace en estos casos? No lo se. Es mi primera vez que atino a un premio de esta magnitud. Le digo gracias a la vendedora y me siento otra vez. Sigue frente a mi el café y el cenicero con el cigarrillo humeando, lo tomo, me sonrío, bebo un sorbo de café; busco mi teléfono celular y quiero poner un msj, no se a quien. Lo guardo sin haber escrito nada.

Apuro mi café, apago el cigarrillo aplastándolo con fuerza sobre el cenicero. Llevo mi mano al bolsillo y saco una moneda de 50 centavos y pago. Doy las gracias y salgo del local. Veo a todos los lados y no se para donde caminar.

La decisión es ir a la oficina de la lotería. Obvio y adónde más. Pregunto a otro vendedor por donde queda una de esas oficinas, me da las señas y me dirijo en esa dirección. Camino unas tres cuadras y ahí esta la oficina, entro y le digo a la dependiente que me asegure el número del billete. Me confirma el premio y ahí si empezó mi emoción de verdad.

Experiencia. Nunca pensé que la tramitología era tan larga y demás cosas. Pago de impuesto y llenado de formularios. A fin me piden el número de mi cuenta bancaria para transferencia del dinero. Me confirman que me harán un depósito de 23 mil 200 dólares y algunos centavos.

Nunca en mi vida había tenido tanto dinero junto. Y claro nunca había pensado en qué podía gastar el dinero. Y claro primero serán los gustitos mundanos como comida, viajes, una botellita (bueno algunas) de Jack Daniels, vacaciones de lujo en un buen hotel que tenga la TV más grande del mundo y, claro, pagar esas deuditas que siempre están ahí.

No lo puedo creer. Tengo mucho dinero, 23 mil dólares (y unos centavitos más) para mi solito. Y bien, esperaré que se acredite ese dinero y hasta mientras tanto haré una lista para saber en que me voy a gastar ese dinero.

Buen billete que tengo. Creo que lo mejor es tomarse otro café y fumar otro cigarrillo, la ocasión amerita. Regreso a la cafetería. Pido otro café y un cenicero. La mesa está sobre la vereda sin obstaculizar el tránsito de las personas, puedo fumar con tranquilidad. Jejeje soy un acaudalado.

Acabado el café y el cigarrillo decidí regresar a la casa, conectarme a la Internet; ritual de todos los días: revisar correos, verificar post a mis blogs, ingresar a Twitter y como no puede ser de otra manera hacer la pregunta a San Google, el santo de los preguntones.

En el trayecto pienso y repienso a respuesta a la única pregunta que tengo en la mente: ¿en que me gasto 23 mil dólares (y unos centavitos más)?

Ya en la casa con tranquilidad me tomé otro café, y claro a fumar otro cigarrillo, prendí la compu. Un bañito de confianza, me puse ropa cómoda y, listo, a trabajar.

Tanto en Google como en Twitter hice la pregunta que me rondaba la cabeza.

Paso la tarde y la noche sin ninguna novedad adicional, para qué más; no hice a nadie ningún comentario al respecto, nadie en especial lo sabía, solo en la red que estaba una pregunta suelta. Realmente antes de dormir aun no tenía nada fijo en que gastar el dinero; detallitos, tengo el dinero asegurado.

Al día siguiente sin otro compromiso que cumplir, con la tranquilidad del caso tomé mi cafecito de las mañanas para conectar las neuronas, miré los noticiarios de la mañana sin olvidar el famoso zapping; toda la tranquilidad del mundo pero con la pregunta latente.

Ritual mañanero antes de salir y verificación de que la libreta de ahorros estuviera guardada en mi maletín, la cédula, un esferográfico. Nueve y media de la mañana y estoy rumbo al banco. Me hago otra pregunta: ¿por qué no he sacado la tarjeta para trámites en cajero automático? Ya no importa, ahora lo podré hacer con tranquilidad y capaz que hasta consigo tarjeta de crédito. Con buen billete todo es posible.

Entro al banco, como siempre hay una columna más o menos larga; calculé que para que me atiendan me llevaría una hora. Seguía sin prisa así que me encolumné, saqué mi libro y me puse a leer, mientras avanzaba hice un alto a mi lectura y saqué la libreta de ahorros para verificar cuanto tenía de de saldo disponible, marcaba 325 dólares. No importa, pronto subiría a más, a mucho más… muchísimo más.

Llegué ante la ventanilla y presente mi libreta. Sentí que se me secaba la boca, lo que hubiera dado por tener un cigarrillo prendido mientras esperaba quela cajera cumpliera los procedimientos del caso: teclear los números, mirar en la pantalla y poner la libreta en la maquinita que imprime.

Cumplido el procedimiento retiré la libreta, agradecí a la cajera (aun no se si era o no guapa), guardé la libreta y salí del banco. Fui hasta la cafetería más cercana, pedí un café y un cenicero. Llegada la orden, prendí un cigarrillo y saqué mi libreta de ahorros. Respiré, me puse los lentes, cerré los ojos, lleve el cigarrillo a mi boca, lo fume y lo dejé sobre el cenicero.

Y sin más drama miré la libreta. Ahí estaba impreso el número mágico. Cinco cifras: 23 mil 525 dólares (más unos centavitos). El sueño de muchos se me había cumplido. Lo veía y lo veía y no aun no creía pero ahí estaba ese billete. Para mi solito.

Y bueno, con tanto dinero lo primero que pensé es que debía pagar deudas para estar tranquilo, para disfrutarlo al máximo. Hice mis cuentas y no debía más de 800 dólares. No hay problema. Segundo paso: los urgentes de casa; igual no más de 3 mil dólares. Más muertos y heridos, entre una y otras, con 5 mil dólares podría estar totalmente tranquilo.

Y bien… así se empieza una nueva vida. Sin deudas y sin preocupaciones, con una buena y gran TV, con todos los canales del mundo; la compu con más memoria y el auto bien arreglado. Y claro con mucho dinero para gastar.

Como nada tiene que cambiar hasta tomar una decisión sobre en qué gastar el dinero hay que seguir la rutina. Así que a revisar el correo.

Pero que sorpresa, cuando abrí mi casillero tenía no menos de 30 correos desde Twitter que me orientaban sobre cómo gastar o invertir el dinero, se me ofrecía alternativas y altas rentabilidades, también ofertas de compras. Solo dos correos eran personales y los contesté con todo el gusto. El resto solamente merecieron mi lectura. Ya vería en el futuro.

Ahora si, con todo ese dinero el plan es el siguiente: seguir viviendo como si no lo tuviera, gastarlo de apoco para que dure más y seguir consiguiendo “pegas” eventuales para poder viajar cuando sea el momento y vivir, al menos por un tiempo, sin presiones financieras.

O sea entrar a vivir en total relax.

Quizás en ese tiempo asome un buen trabajo que no me haga gastar ese dinero o se me presente un negocio que me permita acrecentar lo que está en la cuenta de ahorros. Igual el dinero atrae al dinero.

Que maravilloso será vivir con un buen billete y ahí si decir con certeza que tengo billetera.

Comentarios

  1. muyy buena historia! si la abaricia del hombre de tenerlo todo no fuera tan grande seria facil mantener esa billetera con un dinero toda la vida!. el sueño de cada hombre en este planeta , no tener problemas financieros q te hagan frustar ! ... espero tengas mas historias envialo a mi correo... Leo Morales
    bufleon123@hotmail.com

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  2. Gracias Leo Morales. La segunda ya está publicada.

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