15 segundos cambiaron el presente

Siempre ha sido engorroso ir al banco. Cambiar un cheque o por alguna otra gestión, así que cuando generalmente que me toca ese tipo de actividades me aseguró detener siempre un libro para no desperdiciar el tiempo mientras espero mi turno para ser atendido ya sea en la cola o en un asiento de espera. Pero en aquella ocasión mi libro no me sirvió, solo el esferográfico que tenía en el bolsillo de la camisa.


Como todo acontecimiento tiene un principio, esta historia nace porque mi vida laboral me exige salir de viaje y en muchas ocasiones sin estar prevenido; aquel día, en horas de la tarde se me indicó que debía ir a cierta población al interior de la provincia. Revise mi dinero en efectivo disponible, apenas tenía 15 dólares; con eso me era suficiente para ir y volver en el cumplimiento de lo encomendado. Luego me tocaría hacer toda la tramitología en la oficina para recuperar ese dinero, subsistencias por más señas.


Así que en la madrugada siguiente fui hasta la terminal terrestre y tomé un bus que me llevaría hasta la población de la gestión. De uno de mis bolsillos saqué la radio, conecté los auriculares y me puse a escuchar las noticias en alguna radio.


Pudo haber sido las 8:30 o nueve de la mañana cuando llegué a mi destino. Un viaje tranquilo de aproximadamente dos horas y media. Fui hasta la oficina en que debía cumplir con mi comisión, me anuncié y expliqué el motivo de mi presencia. Me atendió una amable recepcionista quien me indicó que por favor esperarse a que llegase la persona que me atendería. En un asiento cercano me acomodé, saqué mi libro y me puse a leer.


Casi a los 15 minutos de que había iniciado mi lectura llegó la persona a la que esperaba, me reconoció, saludó y me pidió que por favor la esperarse unos cinco minutos más. Con amabilidad le indique que no había problema y seguí sentado, guardé mi libro y preparé la documentación que esta persona debía revisar y firmar con lo cual yo terminaba mi comisión para así poder regresar a mi casa.


El tiempo previsto se cumplió y al rato se me indicó que entrara a la oficina principal. En el lugar saludé nuevamente, aquel funcionario de igual manera se comportó de manera amable. Escuchó con atención el motivo de mi presencia y al terminar mi intervención, que no fue más de 3 minutos, me preguntó que no había problema sobre el pedido y solicitó los papeles que debía firmar, extendí la carpeta con los documentos y esperé que la revisara y firmara.


Cerró la carpeta y me dijo: “Lo siento pero existen fallas en el documento que deben ser corregidas porque no responden a los acuerdos llegados con su jefe” Sentí que se complicaba el día y no me tocó más que preguntarle cuales eran las fallas. Me las explicó e hice las anotaciones del caso. Agradecí por su tiempo y le indiqué que pondría en antecedentes a mi jefe respecto a las observaciones realizadas.


Inquieto salí de la oficina, agradecí a la recepcionista que me contestó con una sonrisa. Tomé mi teléfono celular y hablé con mi jefe, le expliqué la situación y me dijo que me pasaba el documento ya corregido por Internet para que yo lo imprima y en lo posible lo haga firmar ese mismo día.


Diez y media de la mañana, el documento estaría en mi casillero electrónico como a las 12 y media; regresé a la oficina para consultar a la amable recepcionista si el jefe de ella estaría disponible en la tarde. Me contestó que sí pero a partir de las 2 de la tarde. Tenía tiempo hasta esa hora.


Cómo el dinero que tenía en el bolsillo no me era suficiente para mañana y con el tiempo disponible que ahora tenía, decidí que podría ir al banco y así no tener esa gestión mañana.


Fui hasta la entidad bancaria más cercana, entré y el clima era agradable por el aire acondicionado. Me coloqué tras la última persona en la columna, una mujer atractiva sin ser exuberante, debía tener unos 28 años. Delante de ella estaban aproximadamente unas 10 personas y 3 de las 5 cajas estaban atendiendo. Calculé que estaría en el banco unos 10 o 15 minutos dependiendo de los trámites que tuvieran que hacer, y según la cantidad de clientes que pudieran ser atendidos en la ventanilla especial para tercera edad y discapacitados.


Saqué mi libreta de ahorros, revisé la cantidad disponible, tomé mi esferográfico del bolsillo de mi camisa y empecé a llenar la papeleta de retiro.


Mi esferográfico es un regalo muy especial y que lo he cuidado mucho; es de metal blanco y con un peso más allá de lo normal, tiene mi nombre grabado en uno de sus lados.


Terminada de llenar la papeleta, de mi billetera saqué la cédula de identidad. Junté los tres documentos y los puse en el bolsillo de la camisa, pensé sacar mi libro para leer un poco pero ante el poco tiempo calculado para ser atendido, decidí no hacerlo. De pronto sentí la mirada de la mujer que estaba en mi delante, cuando se dio cuenta que yo correspondía a la mirada, sonrío levente y su mirada cambio inmediatamente hacia la puerta de ingreso, la sostuvo por unos segundos y realizó con sus ojos un paneo general por las instalaciones moviendo la cabeza.


El tiempo pasó, vi el reloj y eran como las 11 y 55, ya solamente frente a mi quedaba aquella mujer, la sentí toser y a continuación tomar aliento con fuerza. No supe en que momento la agradable mujer había dado salto y girado sobre sus pies, solamente alcancé a mirar que de su cartera había sacado un revolver. Simplemente gritó –Quietos todos, mientras apuntaba a todos lados con su arma.


Casi inmediatamente escuché una voz de hombre que, así mismo gritando, dijo: Esto es un asalto, todos al piso, regresé la mirada por segundos hacia esa voz y vi que ese hombre delgado y blanco, tenía en una de sus manos un revolver con la intención de golpear en la cabeza a uno de guardias y con la otra mano, de frente, lo tenía agarrado del cuello. Golpeó al guardia con fuerza y éste solamente hizo un gesto de dolor y se desvaneció. No pude mirar más porque la mujer volvió a gritar –Todos al piso.


Asustado y antes de cumplir la orden inconscientemente miré hacia el otro lado, otro sujeto así mismo blanco y totalmente rapado, que se encontraba afrente a las ventanillas, puso la punta de un tubo hueco y en la punta una especie de embudo sobre el vidrio de la ventanilla y con la otra mano manipuló algún dispositivo en el otro extremo. Solo alcancé a escuchar un ruido seco y la caída de vidrios, pues la mujer me había tomado del cuello con una de sus manos.


Esperé sentir el golpe igual que el guardia pero en lugar de agachar la cabeza, instintivamente con mi mano izquierda tomé la muñeca de la mano con que la mujer sostenía el arma y mi otra mano tomó el esferográfico del bolsillo de mi camisa, en un movimiento rápido, corto y directo, sin pensarlo dos veces clavé el esferográfico en el ojo izquierdo de aquella mujer, soltó mi cuello para llevar su mano al ojo herido y con la otra se quiso apoyar, pero antes yo ya había sacado mi esferográfico de la cuenca del ojo reventado de aquella mujer, su atractivo desapareció al estar su rostro bañando de sangre.


Con mi otra mano le arrebaté el revolver y en raudo movimiento empuñe adecuadamente el arma, era un Taurus calibre 38 de 6 tiros, planteada con empuñadura negra, giré mi cintura y con el brazo extendido levanté el arma apuntando hacia el sujeto rapado, en el movimiento con el pulgar hice para atrás el martillo, jalé una vez el gatillo casi sin apuntar, inmediatamente volví a jalar el martillo con el pulgar y disparé. El primer tiro impactó en pecho del sujeto y la segunda en alguna parte de la cabeza. Su rostro se contrajo e hizo una mueca, simplemente se desplomó.


Mis oídos captaron los gritos tanto de la mujer que se agitaba en el suelo con alaridos desgarradores, como de los clientes y las cajeras. Pero otro rugido indescriptible me hizo reaccionar y volver la mirada hacia mis espaldas, cuando quise volver a disparar vi que el otro sujeto intentaba atacarme corriendo hacia mi; al no tener el tiempo necesario para apuntar opté por lanzarme hacia los pies del sujeto como en el fútbol americano, logrando derribarlo. Cayó de espaldas pero alcanzó a levantar su arma, me apunto y quiso disparar.


Yo también en el suelo, con una reacción felina me di un impulso para golpear con mi antebrazo la mano con la que el sujeto sostenía el arma con lo que me salvé de ser impactado por un tiro; rodé sobre mi espalda hacia el lado izquierdo del sujeto que intentaba recuperarse, el revolver que aun yo lo sujetaba y el brazo apoyado sobre el piso, sin apuntar amartille y jalé el gatillo dos veces, el sujeto se convulsionó cuando los dos proyectiles le ingresaron por el costado del tórax, quedó inerte.


Continúe escuchando gritos, me incorporé y a la carrera busque la puerta de salida del banco, empujé a cuanta persona se interponía en mi desesperada huida. Guarde el arma en el cinto del mi pantalón. No podía quedarme en ese sitio luego de haber matado a tres personas, al menos yo las creía muertas.


Al llegar a la calle aun no había un gran movimiento típico de estos casos, apenas algunas personas empezaron a correr asustadas seguramente por los ruidos de los disparos.


Al estar en una población desconocida mi instinto me llevó por donde había llegado al banco, pasé frente a la oficina en la que estuve en la mañana y eso me orientó para tratar de llegar al sitio en que salen los carros de pasajeros. A la distancia escuché las sirenas de los carros policiales o la alarma del banco, o las dos; no lo sabía ni me interesaba averiguarlo. Mi paso era rápido pero no a la carrera para no llamar la atención, pues la gente corría en sentido contrario al mío hacia el banco.


Al pasar frente a un terreno baldío con la maleza crecida, limpie con mi camisa el revolver y lo arrojé disimuladamente, no podía seguir armado. Continué mi camino y al llegar a la siguiente esquina la voz de un oficial de un carro de pasajeros gritaba que su destino era mi ciudad. Levanté la mano y corrí para alcanzarlo, di un salto y pise el estribo del bus, el oficial se hizo para adelante para que yo pasara. Caminé por el pasillo y sentí mi camisa mojada. Mi maletín aun seguía conmigo, con la correa pasando sobre mi hombro al estilo bandolero. Encontré un asiento vacío hacia el final. Me senté, me acomodé, puse mi maletín sobre las piernas y empecé a revisar por un acaso se me hubiera caído algo.


Todo estaba completo; revisé mi cuerpo y me di cuenta de la ausencia de mi esferográfico. Se quedó en el piso del banco. Saqué mi pañuelo del bolsillo posterior del pantalón y me limpié el sudor. Miré por la ventana con tranquilidad cuando el bus abandonó la zona urbana y empezó a aumentar aceleradamente la velocidad, en éste caso agradecí esa forma de conducir.


Como a las 2 y media de la tarde llegué al terminal de mi ciudad. Me bajé del carro y lo primero que hice fue prender un cigarrillo, lo sentí como lo más rico de la vida. Salí de la terminal y tomé un taxi para que me llevara a casa, necesita de urgencia un buen baño y definir mi siguiente paso.


No podía regresar a la oficina. Ahora sí estaba en problemas y graves. Fumé y tomé café toda la tarde mientras escuchaba la radio para estar enterado de las noticias de lo ocurrido en el banco. Los noticiarios de las radios fueron bastantes livianos o escuetos, apenas indicaron que en un intento de asalto un delincuente había muerto y dos estaban gravemente heridos en el hospital. No dieron mayores detalles.


A las siete de la noche los noticiarios abrieron con la información del asalto. La angustia me llevó a la casi desesperación. Pero fue una información con pocos detalles que apenas indicaba sobre el intento de asalto y nada más. Un algo de tranquilidad me llegó al menos para pasar la noche.


La intranquilidad y las imágenes de lo ocurrido me rondaron la cabeza hasta casi las 2 de la mañana; fumé más de lo que normalmente lo hago. Pero logré dormir.


A las 6 de la mañana desperté, prendí la radio y busqué alguna estación que informará alguna situación del asalto en el banco. En una que no supe identificar el nombre, una voz femenina algo chillona, relataba lo ocurrido en el banco con lujo de detalles. Escuché con atención y me di cuenta que estaba leyendo; recordé que los noticiarios de las radios en la mañana leen los periódicos. Prendí un cigarrillo y me vestí muy rápido. Salí a comprar los periódicos.


Uno de los diarios en un gran titular decía: JUSTICIERO FRUSTRA ASALTO, en letras pequeñas aseguraba que: Vídeo de seguridad muestra como un desconocido en 10 segundos mató a dos saltantes e hirió al un tercero. El resto de la nota detallaba lo visto en el vídeo y que yo lo había vivido. No había ningún dato que indicara la identificación del “desconocido”.


El otro diario titulaba, así mismo en grandes letras: TRES CAYERON, EL CUARTO FUGÓ, y luego puntualizaba los pormenores de lo ocurrido con un detalle que me preocupó al máximo: “(…) la Policía está ya tras la pista del prófugo que atacó a los otros tres presuntos delincuentes, gracias al análisis del vídeo de seguridad del banco.”


Un tercer diario titulaba “EXTRAÑA VIOLENCIA BANCARIA” y luego de varios párrafos presentaba un comentario relacionando a que el vídeo presentado por la Policía insinuaba que “quien impidió el asalto pudo ser un agente secreto de la Policía y que esto podría ser la muestra de que la institución del orden tiene un plan secreto para empezar a eliminar asaltantes y ladrones…”


En los tres casos, los diarios presentaron los nombres de los dos hombres y la mujer que participaron en el asalto, además los referencias sobre su pasado delictivo; también explicaba sobre el extraño tubo con el que uno de los delincuentes rompió los vidrios de seguridad en las cajas; era un cañón de aire que con fuerza impulsaba un solo balín de plomo y lograba fragmentar los gruesos vidrios de un solo golpe. Además que todo este acontecimiento al interior del banco apenas duró 15 segundos.


Luego de leer las extensas notas, dos inquietudes me saltaron inmediatamente: en ninguna indicaba sobre el haber encontrado mi esferográfico manchado de sangre con mi nombre lo que le daría a la Policía una pista segura y automáticamente me relacionarían con el asalto, la otra fue que no mencionaban que la Policía tuviera ya identificado mi rostro. Mi deducción fue que para que la Policía haya mostrado el vídeo en tan corto tiempo a la prensa es de seguro ya tenía una pista segura y por tanto mi anonimato al interior de la agencia bancaria estaba amenazado.


Durante más de una hora estuve dando vueltas al asunto sobre lo que debería hacer a partir de ese momento. Lo primero fue decidir sobre el trabajo que tenía, si regresar o simplemente ya no asistir, lo otro era obtener información sobre lo que posiblemente sabía la Policía sobre mí.


Hice cálculos de tiempo y estaba en horario para ir a la oficina como un día normal, entregar los documentos que se me habían confiado el día anterior e informar que no había logrado cumplir la comisión, además que presentaría mi renuncia y con la mayor velocidad posible abandonar esas instalaciones. Y así lo hice. Me costó más tiempo del que pensé cumplir gran parte de los formulismos para que mi salida de la empresa fuera lo más normal posible. A mi jefe solamente le dije que un asunto personal, que por favor no me pidiera explicaciones y que lamentaba que mi salida fuera abrupta.


Casi a las 2 de la tarde, con una maleta de mano en que se encontraban todas mis pertenencias de mi escritorio, salí de la oficina con rumbo al banco a sacar todo el dinero que disponía y así tratar de planificar lo que sería mi nuevo futuro. Esta vez pude retirar casi todo el dinero de mi cuenta con toda la normalidad, aunque a cada instante mis ojos miraban y miraban por un acaso algo extraño pasará y mi seguridad se viera en peligro. No pasó nada.


Mientras caminaba de regreso a mi casa, con un cigarrillo en mano, para empezar a empacar y cambiarme de lugar de residencia, me sobrevino una idea que me dejó perplejo y que cambió mi panorama sobre mis planes futuros luego del insuceso del banco.


¿No sería mejor que me entregara a la Policía y contara mi verdad? De seguro saldría a la luz mi pasado y debería enfrentar un proceso judicial, estaría detenido en cualquier celda. Era una opción pero en verdad que me sobrevino pánico el saber que podría enfrentar al sistema judicial.


Hasta llegar a casa debería tomar una decisión. Una cosa si tuve bien claro, 15 segundos cambiaron mi presente y de esos 3 delincuentes.



Comentarios

  1. Me encanto.. me mordi las uñas! Genial.. lo que la psicosis causa! Un cambio total de perspectiva y de vida....

    ResponderEliminar
  2. Muy interesante Raul ademas del suspenso en tu historia es muy importante destacar que en la vida siempre hay opciones y de acuerdo a lo que decidamos hacer en un determinado segundo puede depender el resto de nuestras vidas.

    ResponderEliminar
  3. muy bien raul sigue adelante, lo de contar historias se va afinando con el tiempo

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Me lo dijo para que te lo contará

Crónica de las 1.825 cartas de amor

El único sí fue el último